¿Las bombillas dañan los dientes como los chupetes?
Existe una creencia bastante extendida de que beber con bombilla podría afectar la formación del maxilar y la posición de los dientes, generando efectos similares a los que provocan el chupete o el hábito de chuparse el dedo. Sin embargo, la evidencia científica muestra que no todos los hábitos de succión tienen el mismo impacto en el desarrollo de la boca, y que las bombillas no producen los mismos efectos que otros hábitos infantiles más prolongados.
Beber con bombilla, de hecho, puede tener algunos beneficios para la salud dental. Diversos especialistas señalan que el uso de bombillas reduce el contacto de las bebidas con los dientes frontales, lo que puede disminuir la exposición del esmalte a bebidas ácidas o azucaradas. Este punto es mencionado por odontólogos en una publicación de University General Dentists, que explica que el uso de bombillas puede ayudar a proteger el esmalte dental cuando se consumen bebidas como jugos o refrescos.
Esto no significa que las bombillas no tengan inconvenientes. Si se usan de forma incorrecta, el líquido puede dirigirse repetidamente hacia un mismo diente, aumentando el riesgo de caries en esa zona. Además, algunas personas tienden a morder o masticar las bombillas, lo que sí puede generar problemas dentales. Según especialistas citados por Centre Family Dentistry, masticar bombillas puede desgastar el esmalte e incluso generar presión irregular en la mordida.
Sin embargo, lo importante es que beber con bombilla no se asocia con alteraciones en el crecimiento del maxilar ni con maloclusiones. El problema aparece cuando el objeto se usa como algo para morder o manipular durante largos periodos.
El escenario es distinto cuando se trata de hábitos de succión no nutritivos, como el uso prolongado de chupetes o la succión del dedo. Estas conductas implican mantener un objeto en la boca durante largos periodos, lo que genera una presión constante sobre los dientes y el paladar. Una revisión científica publicada en PubMed Central analizó decenas de estudios sobre el uso de chupetes y concluyó que su uso prolongado se asocia con un mayor riesgo de maloclusiones, como mordida abierta anterior o mordida cruzada posterior.
Algo similar ocurre con el hábito de chuparse el dedo. El manual médico StatPearls, publicado por la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, explica que la succión digital (chuparse el dedo) puede empujar los dientes hacia adelante y estrechar el maxilar superior si el hábito se mantiene durante varios años. Este tipo de presión constante es lo que puede alterar el desarrollo de la mordida.
Entre los productos infantiles, también existe un punto intermedio: las mamaderas y los llamados vasos con boquilla rígida o “sippy cups”. Estos productos se utilizan para ayudar a los niños a aprender a beber de manera independiente, pero algunos especialistas advierten que su uso prolongado puede afectar la forma natural de tragar. Según explica Willow Pediatric Dentistry, cuando estos vasos se usan durante mucho tiempo la lengua puede adoptar una posición incorrecta durante la deglución, lo que a largo plazo puede influir en el desarrollo del paladar y la mordida.
Por esta razón, muchos pediatras recomiendan utilizar este tipo de vasos solo como herramientas de transición, idealmente entre los 6 y los 12 meses, y luego avanzar hacia vasos abiertos o vasos de 360°.
En términos simples, la diferencia clave está en la duración y la presión del hábito. Los chupetes y la succión del dedo ejercen presión constante durante largos periodos, lo que puede modificar la posición de los dientes o la forma del paladar. Las bombillas, en cambio, se utilizan durante breves momentos al beber y no generan ese tipo de presión continua.
Por eso, aunque a veces se cree que las bombillas pueden afectar la formación del maxilar o la alineación dental, no existe evidencia científica que respalde esa idea. Usadas correctamente —y evitando morderlas— pueden ser una herramienta útil para beber líquidos, e incluso ayudar a reducir el contacto de bebidas azucaradas con los dientes.
En el desarrollo de la salud oral infantil, lo más importante sigue siendo evitar hábitos prolongados de succión no alimentaria, promover una buena higiene dental desde la infancia y fomentar el consumo de agua como bebida principal.